digresión n° 2: los inmolados

21Oct09

robaré tu cuerpo a la locura: todo lo que uno escribe es pasión

Jacobo Fijman (Rumania 1 898-Argentina 1 971) ha sido uno de los poetas que ha encarnado la poesía en todos los límites, como una especie de sacrificio en una búsqueda desmedida por la belleza y la verdad, aquella que seguirá siendo tan innombrable como el silencio.

Uno: Hay tres caminos insoslayables para los videntes. La iluminación, la locura o la transfiguración de ambas en una sola. Arthur Rimbaud, el gran desertor de la poesía, es el ejemplo más claro de haber vislumbrado la belleza y  su posterior renuncia total a esa visión. Aunque existen decenas de ensayos acerca de la actitud firme del poeta que, poco después de haber escrito Temporada en el infierno decide desaparecer por completo para la literatura y para sí mismo, existe este hecho de elegir la desaparición como forma de asumir su videncia. No hay un más allá después de haber visto qué voluntad está detrás del mundo, qué mecanismo secreto sostiene la realidad. Un salto hacia todo escepticismo y soberbia de haber descubierto la verdad en el lenguaje.

 

POEMA VI
Ha caído mi voz, mi última voz, que aún guarda mi nombre.
Mi voz:
pequeña líneas, pequeña canción que nos separa de las cosas.
Estamos lejos de mi voz y el mundo, vestidos de humedades
blancas.Estamos en el mundo y con los ojos en la noche.
Mi voz fría y sucia como la piel de los muertos.

Dos: “Sé que dentro de muy poco me voy a morir. Ya soy viejo y he sufrido lo suficiente. Pero tengo miedo de lo que me espera. No de la muerte porque ya estoy muerto en Cristo sino de que me abran la cabeza como hacen con todos los internos. ¡No quiero presentarme ante Dios cuando resucite con el cerebro dañado y chorreando sangre! Mi vida ha sido el estudio, la poesía, quiero estar hermoso digno. Además va a estar ella, la Virgen, la única que no se burló de mi amor, ni me rechazó”. Un periodista,  Zito Leman, roba un cadáver del manicomio. Entra furtivamente a la morgue y extrae el cuerpo para cumplir con su promesa. Jacobo Fijman murió de un edema pulmonar a los 72 años, dentro del centro psiquiátrico Borda, en Buenos Aires, donde vivió recluido por más de 28 años. Así termina el duro camino del olvido, después de haber realizado su aprendizaje interminable de encontrar la verdad a través de la belleza. Y aquella verdad que no es la certeza que todos ansían de manera desesperada para resolver sus dudas o sus grandes preguntas celestes, para sentarse cómodamente a mirar como los demás se entregan al desenfreno del engaño. No buscaba la verdad que liberaba, sino aquella que una vez insinuada, abría algo más terrible en el espíritu, una lucidez y conciencia sobre aquel mundo donde estaba inmerso, un teatro de simulacros y abismos. La travesía en los pliegues de una conciencia esquizo.

Tres: En Nostalgia, una de las películas de Tarkovski, un hombre se prende fuego sobre un monumento mientras lee un mensaje que solo es escuchado por unos cuantos locos dispersos en una especie de escena de un cuadro de Botticelli. Esta especie de sacrificio fue encarnado en carne propia por el espíritu atormentado de Fijman: “…desde niño me llamaban ‘el poeta’. Mi cuerpo, muy temprano se acostumbró a alimentarse del dolor”. Esta actitud exaltada por los valores judeocristianos, va más allá al redescubrir la vocación del lenguaje. Un hombre que va en un viaje por las oscuras tinieblas de su noche única, para extraer desde esas ciénagas, donde pocos hombres se han atrevido atravesar,  la belleza más transparente e impoluta. Un sacrificio, que no nos redimirá por completo, pero que sí nos acercará a aquella visión ancestral que tenemos de la inocencia primordial que hemos perdido. Una variante de la belleza para los escépticos y desfascinados…

¿Qué significan los títulos de cada uno de sus libros?

Molino Rojo recuerda la demencia, el vértigo. Yo buscaba un título para esa obra que significara mis estados y reparé en un molinito viejo que tenía en la cocina. De color rojo. Para moler pimienta. Y ví en ese objeto todo lo que mi poesía quería expresar. Estrella de la Mañana, en cambio, se refiere a los estados místicos que yo había adquirido en esos años. Ya había sido bautizado, convirtiéndome a la religión católica, y quise expresar con ese título la encarnación de la verdad. En cuanto a Hecho de Estampas, yo trataba de volver a la filosofía escolástica. Y volver fundamentalmente a Aristóteles. Y en una visita al museo del Louvre quedé impresionado por los maestros clásicos, por su pintura religiosa. Cuando luego ví unas estampas de esos cuadros religiosos, las asocié a mis poemas. De ahí Hecho de Estampas.

Cuatro: ¿Cuál es esa demencia que se invoca en su poesía?

Es la demencia en sentido total. Hay formas que obedecen a los nervios centrales y otras a los periféricos. Y puede ser también un castigo. El que va a nacer elige ser bueno o malo. Eso tambien pasa hasta con las vacas. Ahora bien, la mayoría de los dementes tiene la médula desviada. Cualquier enfermedad, aún el cáncer, es estado de locura. Y hay incluso gente que se alegra de estar loca. La demencia debe ser vista desde un punto de referencia moral. Y a esa pobre gente que está en este hospicio, habría que darle buena comida; la comida es mala. Enseñarles a sentarse en la mesa, a no robar, a no blasfemar. Y cambiar fundamentalmente la higiene. En mi poesía invocaba la locura. Aquí se conoce la locura. Ya estaban anunciados mis sufrimientos. Yo soy el Jacobo Fijman que aparece en los textos de Notredamus. Y ese día vi como un puñal. Y me dije:”Quien sabe lo que van a creer de mí, quien sabe lo que van a hacer de mí”. Pero yo nunca he querido ser dictador. Ni matar a nadie. Soy un santo.

¿Se siente un enfermo mental?

No. Rotundamente. No. En primer lugar porque tengo intelecto, agente y paciente. Y mis obras prueban que no sólo soy hombre de razón, sino de razón de gracia. Los médicos no entienden esas cosas. Se portan fácilmente bien. Pero no pueden ser lo que no son. Simplemente toman la temperatura de la piel. Dan pastillas, inyecciones, como si se tratara de un almacén. Y olvidan que en el fondo es una cuestión moral. Y es que no conozco a nadie que pueda entender la mente. Sin embargo no los odio. Hacen lo que pueden. Lo terrible es que nos traen para que uno no se muera por la calle. Y luego todos nos morimos aquí.

 

CANTO DEL CISNE

Demencia:
El camino más alto y más desierto.
Oficios de las máscaras absurdas; pero tan humanas.
Roncan los extravíos;
Tosen las muecas
Y descargan sus golpes

Afónicas lamentaciones.
Semblantes inflados;
Dilatación vidriosa de los ojos
En el camino más alto y más desierto.
Se erizan los cabellos del espanto.
La mucha luz alaba su inocencia.
El patio del hospicio es como un banco
A lo largo del muro.
Cuerdas de los silencios más eternos.
Me hago la señal de la cruz a pesar de ser judío.
¿A quien llamar?
¿ A quien llamar desde el camino
tan alto y tan desierto?
Se acerca Dios en pilchas de loquero,
Y ahorca mi gañote
Con sus enormes manos sarmentosas;
Y mi canto se enrosca en el desierto.
¡Piedad!

TODO LO QUE UNO RECIBE ES PASIÓN

No soy enfermo. Me han recluido. Me consideran un incapaz. Quiénes son mis jueces…
Quiénes responderán por mí.
Hice conducta de poesía. Pagué por todo.
Sentí de pronto que tenía que cambiar de vida. Alejarme del mundo. Y me aislé. Me fui de todos, aun de mí…
Hoy es la demencia un estado natural.
Todas las palabras son esenciales. Lo difícil es dar con ellas.
El delirio son instantes. Puede durar toda la vida.
Mi poesía es toda medida.
El arte tiene que volver a ser un acto de sinceridad.

COPULA
¡Nos unió la mañana con sus risas!
En las rondas del sol
canciones de naranjas.
Danzas de nuestros cuerpos
Desnudos- rojo y bronce.
El olor de la luz era sagrado:
Música de horizontes,
Espacio de paisajes-
Rojo y bronce-
Ruido de melodías,
Himno de soles,
Eternidad
Y abismo de la dicha
En la alegría loca de los vientos.
Canciones de naranjos
En la piedad de los caminos.
¡Todas las aguas del silencio
rompimos en la danza!
Dicha de los abrazos y los besos;
Toda la gloria de la vida
En nuestros pechos
Jadeantes y ligeros;
Nuestros cuerpos: auroras y ponientes
En la alegría loca de los vientos.
¡El corazón del mundo en nuestra boca!

POEMA V
Yo estaba muerto bajo los grandes soles, bajo los grandes
Soles fríos.
A través de mi llanto
Oigo el agrio sudor de la precocidad.
Yo vuelvo sobre un musgo
Y las ciudades crecen a la aventura hasta la noche
Del estupor.
Miseria.
Dios pesa.
Me llaman vientos de mar.
Van y vienen en grandes cambios; se alargan
en saltos irritados
que apagan mi temblor, que exasperan los sueños.
Jamás podré seguir.
Yo me veo colgado como un cristo amarillo sobre
los vidrios pálidos del mundo.

RETRATO DE DOCTOR
Este aquí, seráfico leyente,
Trae la flor perfecta
Recibida en ejemplo de ser a ser,
De simples y compuestos,Y día temporal,
Unidos por el uno que nunca fue movido,
Por aquél que depura la imperfección perfecta.
Este aquí seráfico leyente,
Lleva la perfectísima, la perfección perfecta
Del color y la lumbre, del amor y la estrella.

LIBRO COMPLETO DE JACOBO FIJMAN:  molino rojo

Anuncios


No Responses Yet to “digresión n° 2: los inmolados”

  1. Dejar un comentario

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: