ROBERTO BOLAÑO, LA TRAVESÍA DE UN SALVAJE*

16May10

a mis amigas, aquellas “perros románticos”** en las noches más extrañas

 

“Los verdaderos poetas tiernísimos
metiéndose siempre en los cataclismos más atroces,
más maravillosos
sin importarles
quemar su inspiración
sino donándola
sino regalándola
como quien tira piedras y flores
Oye, poeta, le dicen,
enchufa el amanecer.”

Roberto Bolaño

Para los que conocen la obra de Roberto Bolaño quizá les parezca lugares comunes lo que diga el día de hoy, pues, desde hace algunos años el escritor que empezó su travesía vital en Chile hace más de cincuenta años ha pasado a convertirse en una especie de mito, un camino lleno de adoradores ciegos y furibundos críticos que desean derribar la obra monumental de Roberto Bolaño. Aunque  ambas posturas son extremas, no tiene nada que ver con lo que ha significado y significa aun lo que él construyó con la palabra dentro y fuera de Latinoamérica. Para los que no han leído ni se han enterado mucho de esta obra, oirán una historia fascinante del hombre que encarnó todo un sueño y la derrota y la reivindicación del camino de todo un continente a través de los ojos de la literatura de Roberto Bolaño.

 

El inicio del salvaje

En la literatura existen dos clases de escritores, los que hacen de la palabra una herramienta para expresar y manifestar su mundo interior, sin comprometerse con ella ni con la vida, sin palpar los extremos, sin importarles la sinceridad que hay en la actitud de tomar un camino que podría conducir a las certezas más brutales, así no conduzca más que a un abismo tan insondable como aquel con el que se empezó. Estos seres son impecables, y tienen un camino “fácil” dentro de las letras. Escriben, publican, venden y su vida se resuelve de forma tan simple como si hubiese elegido vivir como ingeniero u oficinista municipal. Pero existen otros, aquellos que han sido tocados, o al menos tácitamente lo sienten así, por algo más intenso que la palabra como herramienta para manifestar o expresarse, sino que se ha convertido en vida propia, encarnándose en su fibra más íntima, como la Única Intensidad posible. La literatura como el fuego que invade todo el interior e incendia hacia todos los límites, arriesgando su propia carne y su destino.

Este compromiso con la literatura es más frecuente en aquellos que han descubierto la poesía o el poder de la palabra como revelación. Aunque no es una regla, pero la lista de estos desertores de la vida cómoda, estos habitantes de abismos personales, estos cisnes en la noche más negra del espíritu, estos hermosos seres que caen en llamas en el día más frío de la tierra se han sobrevivido por y para la literatura. Esta extraña manera de convertirse en un salvaje en plena civilización.

La travesía siempre está cerca del desarreglo, del valor de enfrentar la pesadilla de la incertidumbre cada día, pero a pesar de todo eso, sabe que al final encontrará una revelación que derribará cualquier sueño convencional, toda esperanza o miedo. Es atravesar en una motocicleta a toda velocidad en un desierto, donde miles de muertos saludan con su temor a estos seres que han impuesto su voz con el precio de sus vidas.

Bolaño ha pertenecido a esta clase de seres que han apostado su talento por algo más intenso que una vida conformista que ha cedido a los caprichos de los mercados de esclavos literarios, que han empeñado su obra por una gloria efímera, fugaz y deleznable en el tiempo. En una entrevista Bolaño, manifiesta que asumió en serio la literatura como poeta, y en esa época “la apuesta era a vida y muerte”, un viaje donde el final era una meta imprecisa.

Desde pequeño Roberto Bolaño conoció el valor del viaje. Nació en Chile el año 1953, pero emprendió con su madre el viaje hacia México D.F., esa ciudad que era una especie de monstruo, donde  modeló su espíritu errante, nómada dentro de la urbe, pues el siempre había sido una persona rebelde que nunca se dejó dominar fácilmente. Tomó la vida como un viaje en actividad, no era un simple turista que pasa a través de los años, aceptando pasivamente el mal llamado destino. Decidió apostar todo por ese camino que se había trazado tácitamente. Cuando tuvo 19 años, en los inicios del gobierno militar de Pinochet, entusiasmado por ese espíritu, decide luchar por la Unidad Popular, pero es detenido 8 días, ese tiempo en la cárcel pone fin a su corta travesía como revolucionario. Al regresar a México, se reúne de nuevo con sus compañeros de la pandilla de una nueva manifestación de la revolución, llamados los infrarrealistas.

 

"Estoy aquí, dije, con los perros románticos/ Y aquí me voy a quedar". R.B.

¿Qué clase de pandilla era esa? Era una pandilla de poetas que asumieron la travesía de  renovar el lenguaje y el discurso de la poesía en la primera mitad de la década de los setenta en México D.F., asumir la poesía desde un punto de vista estético y ético, preconizando desde esa trinchera la única verdad, su verdad, o mejor dicho la certeza de ir hasta las últimas consecuencias con la poesía. Deseaban encontrar un territorio nuevo, sin ningún tipo de reglas. Además tenían una entrega total a la irreverencia de un movimiento que desea demoler todas las bases de los convencionalismos sociales y literarios. Y en esa época escriben un manifiesto radical, tal como lo hicieron en su época los surrealistas franceses, los futuristas, y en Latinoamérica, el movimiento poético Hora Zero, grupo ligado a esta mancha de patas del Infrarrealismo. Bueno, como todo manifiesto radical, estaba lleno de buenas intenciones y de desafío total al orden establecido, al stablishment literario y social.

Este movimiento irreverente era una parapeto que enfrentaba al cuerpo muerto de las instituciones caducas, una lucha encarnizada contra la burguesía, es decir, encarnaba el espíritu extremo de la utopía latinoamericana, esa utopía de izquierda que avanzó para unos como una panacea a las diferencias sociales y, para otros, como el más encarnizado cáncer que hundió al continente tan igual como las dictaduras feroces; pero ellos habían tomado las banderas de su lucha a través del lenguaje, transformándola en una metralla/ en bombas molotov, arrojadas con precisión contra ese monstruo totalmente identificado, pero que no se inmuta mientras sigue devorando todo a su paso. Su crítica era feroz y desnuda, no tenía ninguna delicadeza, aunque es redundante decir esto, pero no daba concesiones a nadie y disparaba contra las instituciones culturales:

“Cortinas de agua, cemento o lata, separan una maquinaria cultural, a la que lo mismo le da servir de conciencia o culo de la clase dominante, de un acontecer cultural vivo, fregado, en constante muerte y nacimiento, ignorante de gran parte de la historia y las bellas artes (creador cotidiano de su loquísima istoria y de su alucinante vellas hartes), cuerpo que por lo pronto experimenta en sí mismo sensaciones nuevas, producto de una época en que nos acercamos a 200 kph. al cagadero o a la revolución”.

En “Déjenlo todo nuevamente, Primer Manifiesto del Movimiento Infrarrealista”, Bolaño lanza su primer manifiesto, su arte poética, su desmedida vocación por el desarraigo, característica propia de un salvaje.

 

La travesía

¿Qué entendemos por salvaje? Esta palabra se ha asociado muchas veces a aquellos seres que están ligados a una destrucción irracional, no domesticados, que están antes de la barbarie y de la civilización, es decir, un animal feroz a los ojos de la civilización. Pero Roberto Bolaño, ha transformado esta palabra  en algo más poético, a una actitud sincera ante la vida programada, convencional, la vida cómoda y dócil, vinculada a un estado de perpetua rebeldía, los salvajes son los seres que mantienen la condición humana en su estado más puro, que aprenden a medida que van avanzando a través de la espesura de la vida, de las infinitas combinaciones del instante próximo, y una vez conquistado ese territorio, lanzarse a otro, hasta que una luz o la muerte los haga sucumbir.

Los años

Me parece verlo todavía, su rostro marcado a fuego
en el horizonte
Un muchacho hermoso y valiente
Un poeta latinoamericano
Un perdedor nada preocupado por el dinero
Un hijo de las clases medias
Un lector de Rimbaud y de Oquendo de Amat
Un lector de Cardenal y de Nicanor Parra
Un lector de Enrique Lihn
Un tipo que se enamora locamente
y que al cabo de dos años está solo
pero piensa que no puede ser
que es imposible no acabar reuniéndose
otra vez con ella
Un vagabundo
Un pasaporte arrugado y manoseado y un sueño
que atraviesa puestos fronterizos
hundido en el légamo de su propia pesadilla
Un trabajador de temporada
Un santo selvático
Un poeta latinoamericano lejos de los poetas
latinoamericanos
Un tipo que folla y ama y vive aventuras agradables
y desagradables cada vez más lejos
del punto de partida
Un cuerpo azotado por el viento
Un cuento o una historia que casi todos han olvidado
Un tipo obstinado probablemente de sangre india
criolla o gallega
Una estatua que a veces sueña con volver a encontrar
el amor en una hora inesperada y terrible
Un lector de poesía
Un extranjero en Europa
Un hombre que pierde el pelo y los dientes
pero no el valor
Como si el valor valiera algo
Como si el valor fuera a devolverle
aquellos lejanos días de México
la juventud perdida y el amor
(Bueno, dijo, pongamos que acepto perder México y la juventud, pero jamás el amor)
Un tipo con una extraña predisposición
a sobrevivir
Un poeta latinoamericano que al llegar la noche
se echa en su jergón y sueña
Un sueño maravilloso
que atraviesa países y años
Un sueño maravilloso
que atraviesa enfermedades y ausencias

Tal como esos seres que pueblan la novela que transformó la vida marginal de B. en una de las mayores figuras de la literatura, Los Detectives Salvajes. Un joven poeta, García Madero, empieza su educación sentimental en una ciudad latinoamericana, Mexico D.F., que bien podría ser cualquier ciudad  – los salvajes no pertenecen a ningún espacio, solo a aquel territorio interior que es su viaje y la pulsión para lanzarse a cualquier lado y el lenguaje. Con esta actitud este personaje conoce a Roberto Belano, alter  ego de B., y a Ulises Lima, que es la ficción de Mario Santiago, compañero de B. en correrías extrañas en México D.F. Aprende poco a poco con estos seres que pertenecen al grupo que se hacían llamar los Infrarrealistas, que la poesía no son las florituras verbales ni las pirotecnias gramaticales publicada en hojas pulcras, sino que la poesía es, como la vida, intensidad y vértigo.

La novela Los Detectives Salvajes convirtió al incendiario de vida pacífica y alegre, al escritor marginal que se dedicaba a vivir de los concursos literarios de los municipios en España, que tuvo muchos sub empleos, como vigilante de un camping (“Ese tal vez fue mi mejor trabajo. Yo siempre he pensado que mi vocación natural, digamos, era ser vigilante de camping, porque fui muy bueno. En el camping en que trabajaba nunca robaron, y realmente yo no vigilaba: me ponía a dormir…”), recogiendo uvas en los campos, camarero, vendedor en una tienda, recepcionista de hoteles, ya que nunca tuvo otro oficio ni profesión que la escritura, en uno de los escritores icónicos de la literatura contemporánea. Y el año 1998 fue el año de dejar la protección dura de la marginalidad para pasar a ser la estrella literaria, que no le incomodaba pero tampoco lo hacía sentir en las nubes de las letras, al ganar el premio Rómulo Gallegos y luego el premio Herralde. Con estos premios, empezó la avalancha de libros que ya había publicado o escrito años antes del nacimiento de este libro.

Desde el punto de vista romántico, en el sentido de lectura cálida, próxima, en esta novela se encuentra lo que Bolaño llamó la apuesta a vida y muerte de aquellos poetas que admiraba muchísimo, y en lo que en algún momento había encarnado en todos sus viajes desde América del Sur hasta el África, él admiraba esas vidas de los poetas que se entregaban a la desmesura y al riesgo por lanzarse a cualquier aventura, a cualquier precio, inclusive su propia obra. Tal como lo hicieron Rimbaud o Lautréamont, dos de los poetas que Bolaño solía siempre hablar, porque representaban para él, el camino de la poesía.  “La poesía es un acto que es un gesto de adolescente frágil, inerme, que apuesta lo poco que tiene por algo que no sabe bien qué es, y que generalmente pierde”. Este tipo de vida romántica se ve en este libro donde todos se buscan entre sí.

Si quisiéramos encontrar un valor que va más allá del primer asombro de la lectura, este libro significa la demolición de todos los discursos, sin ninguna tradición, pues hay también una constante desacralización de todas las utopías. Cuando el salvaje ha descubierto que todas las leyendas han desaparecido, se han desvanecido por su propio movimiento, el hombre se arroja hacia aquella luz, hacia ese origen que lo haga de nuevo reencontrarse con la inocencia, así el camino hacia ese momento sea terrible, monstruoso, inmoral o amoral. Es la otra cara de la moneda de la literatura del boom de los sesenta, pues mientras el boom pertenecía a una época donde la esperanza estaba sostenida por una utopía de sistema ideal nacido de la revolución, y todos suscribían su compromiso con ese estado de conmoción generalizada, la Latinoamérica de Bolaño, nació para él con el declive de esa utopía, las ruinas de un continente que lejos de construir un discurso de consenso, se construyen los múltiples discursos y del nomadismo. Y eso es lo que van a encontrar en esta novela, y en la mayoría de libros de este salvaje, que marcó un nuevo derrotero de la literatura escrita en castellano.

 

Latinoamérica y el Mal

Él nunca estuvo separado de Latinoamérica, tal es así que escribió Estrella Distante, una novela donde el personaje es una mezcla peligrosa de cinismo y crueldad, pero que está atrapado en sus propias jaulas, en la complicidad con la tiranía desmedida. En esta novela se presenta otro de los temas preferidos por Bolaño: El mal. Cuando leen esta novela, ve como la sombra roja asola Latinoamérica, asimilando a todo tipo de seres, desde poetas o falsos poetas, para imponer su gobierno de miedo. Latinoamérica es ese gran continente del miedo, de ver una gran luz en el cielo hasta que llega la noche más negra. Así también aparece Nocturno de Chile, donde sobre la casa de María Canales, una intelectual del stablishment, ocurren macabras torturas, donde el miedo paraliza a todos los invitados que ven ese espectáculo y no pueden hacer otra cosa que convivir con ese pánico constante. Y cualquier país de Latinoamérica, cuando dejamos que poderes desmedidos se posesionen de nuestra elección y voluntad se transforma en eso, en una casa del espanto.

Bolaño no solo era ese escritor romántico y rebelde, sino que estaba en constante reflexión sobre su destino de nómade latinoamericano, que se aleja para comprender desde afuera este fenómeno que significamos. No solo en estas novela sucede la búsqueda de llegar hasta el fondo de las cosas, de entregarse a lo que nos asombra desde cualquier punto de vista, el horror de descubrir lo más vil dentro de cualquier ser humano, que tiene una vida cotidiana común y corriente, pero sin embargo, detrás de eso, esconde a un monstruo que nadie es capaz de verlo, excepto las víctimas. También es su monumental libro, 2666, Bolaño ensambla una novela sobre el mal. Sobre aquellos resortes que mueven al espíritu humano a la destrucción de todo sistema. Como el minotauro que no puede huir de la noche, solo con su muerte. En 2666, primera novela póstuma y que dejó casi inconclusa, suceden hechos aparentemente inconexos, donde el hilo comunicante es un escritor alemán desaparecido Bonno Von Archimboldi, que es la conexión del horror en todas las latitudes. La búsqueda se inicia en Europa, y salta por varias partes hasta llegar a Santa Teresa (Ciudad Juárez, México), una zona donde centenares de mujeres son asesinadas brutalmente en rituales extraños. Este hecho es real. Las víctimas de este femicidio eran obreras. Nadie sabe a ciencia cierta quienes fueron los perpetradores de estos asesinatos, pues se esbozaron teorías que indicaban al narcotráfico y a sectas satánicas, que pululan en las fronteras de México.

En pleno siglo veinte, aun no hemos resuelto nuestros conflictos. Todo es sin esperanza, sin posibilidad de resolverse, como si todos estuviésemos siendo absorbidos por el vacío, disolviéndonos en la desesperanza, donde es el escritor el único que deberá de mantenerse lúcido, para convertirse en la enorme memoria de la vida, y también del horror. Y sólo no se necesita talento para hacer esto, sino también valor, y arrojo, que en los últimos años empezó con la travesía de este último salvaje. Roberto Bolaño.

Epifanía

Quizá nosotros no perdamos demasiado,
después de todo.

Franz Kafka

El valor de sobrevivirse al desahucio real a través de la literatura. Imagino a Bolaño yendo al hospital como si fuese a un sacerdote antes de ir al patíbulo, tal como escribió en esa parte triste de la literatura, publicada en El gaucho Insufrible. La ecuación de Literatura+Enfermedad=Enfermedad.

Nadie se debe extrañar de que el conferenciante se ande por las ramas. Pongamos el siguiente caso. El conferenciante va a hablar sobre la enfermedad. El teatro se llena con diez personas. Hay una expectación entre los espectadores digna, sin duda, de mejor causa. La conferencia empieza a las siete de la tarde o a las ocho de la noche. Nadie del público ha cenado. Cuando dan las siete (o las ocho, o las nueve) ya están todos allí, sentados en sus asientos, los teléfonos móviles apagados. Da gusto hablar ante personas tan educadas. Sin embargo el conferenciante no aparece y finalmente uno de los organizadores del evento anuncia que no podrá venir debido a que, a última hora, se ha puesto gravemente enfermo.

Así empieza el final de su manifiesto iniciado con DÉJENLO TODO, NUEVAMENTE, en el año 1976. Así empieza el fin de ese viaje, de esa travesía del nómada, del salvaje.Así empieza su camino de elefante hacia la luz de l pasillo final, donde no desea que sean compasivos con él, sino que demuestra la entereza de asumir su viaje final con la ironía que siempre le caracterizaba. Por ejemplo, este viejo salvaje de 50 años, escribe sobre lo único que desean hacer los condenados a muerte es follar. Esto indica la gran ironía, pues lo que el hombre desea siempre es sentir el último éxtasis.

Follar es lo único que desean los que van a morir. Follar es lo único que desean los que están en las cárceles y en los hospitales. Los impotentes lo único que desean es follar. Los castrados lo único que desean es follar. Los heridos graves, los suicidas, los seguidores irredentos de Heidegger. Incluso Wittgenstein, que es el más grande filósofo del siglo XX, lo único que deseaba era follar. Hasta los muertos, leí en alguna parte, lo único que desean es follar. Es triste tener que admitirlo, pero es así.

Bolaño escribe desde un barco que lentamente se aleja de la orilla, con una sonrisa de complacencia para aquella sarta de inocentes que lo miran con compasión, mientras él arroja la ultima colilla de cigarrillos y se adentra hacia la bruma, lentamente, dejando una estela un gran resplandor detrás de sí, que desde la orilla millones de seres humanos lo miran y perciben que él sigue allí, en la enorme luz que todas las mañanas aparece en todos los horizontes.

¡En desiertos de tedio, un oasis de horror!

Y con ese verso, la verdad, ya tenemos más que suficiente. En medio de un desierto de aburrimiento, un oasis de horror. No hay diagnóstico más lúcido para expresar la enfermedad del hombre moderno. Para salir del aburrimiento, para escapar del punto muerto, lo único que tenemos a mano, y no tan a mano, también en esto hay que esforzarse, es el horror, es decir el mal. O vivimos como zombis, como esclavos alimentados con soma, o nos convertimos en esclavizadores, en seres malignos, como el tipo aquel que después de asesinar a su mujer y a sus tres hijos dijo, mientras sudaba a mares, que se sentía extraño, como poseído por algo desconocido, la libertad, y luego dijo que las víctimas se habían merecido lo que les pasó, aunque al cabo de unas horas, más tranquilo, dijo que nadie se merecía una muerte tan cruel y luego añadió que probablemente se había vuelto loco y les pidió a los policías que no le hicieran caso. Un oasis siempre es un oasis, sobre todo si uno sale de un desierto de aburrimiento. En un oasis uno puede beber, comer, curarse las heridas, descansar, pero si el oasis es de horror, si sólo existen oasis de horror, el viajero podrá confirmar, esta vez de forma fehaciente, que la carne es triste, que llega un día en que todos los libros están leídos y que viajar es un espejismo. Hoy, todo parece indicar que sólo existen oasis de horror o que la deriva de todo oasis es hacia el horror.

*Leído en Librería SBS – Trujillo- 16 DE ABRIL DEL 2010.
**Los perros románticos, de Roberto Bolaño

En aquel tiempo yo tenía veinte años
y estaba loco.
Había perdido un país
pero había ganado un sueño.
Y si tenía ese sueño
lo demás no importaba.
Ni trabajar ni rezar
ni estudiar en la madrugada
junto a los perros románticos.
Y el sueño vivía en el espacio de mi espíritu.
Una habitación de madera,
en penumbras,
en uno de los pulmones del trópico.
Y a veces me volvía dentro de mí
y visitaba el sueño: estatua eternizada
en pensamientos líquidos,
un gusano blanco retorciéndose
en el amor.
Un amor desbocado.
Un sueño dentro de otro sueño.
Y la pesadilla me decía: crecerás.
Dejarás atrás las imágenes del dolor y del laberinto
y olvidarás.
Pero en aquel tiempo crecer hubiera sido un crimen.
Estoy aquí, dije, con los perros románticos
Y aquí me voy a quedar.

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One Response to “ROBERTO BOLAÑO, LA TRAVESÍA DE UN SALVAJE*”

  1. 1 Jose Montoya

    Budy, la lectura es tan amplia y
    a la vez facil de llevar,
    voy a tener que conseguir a Bolanos y
    leerlo con esa pasion que escribes.


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