digresión nº3: Animal adolescente

08Ago10

08.08.2010. Aunque no había abierto desde hace varios años algún libro de Arthur Rimbaud, aun siento el estremecimiento de las palabras, el vértigo de caminar en el filo de algo peligroso. Y lo he comprobado al releer las páginas de Una Temporada en el Infierno. Esta es una digresión, como lo es toda la poesía: una constante digresión de la vida. Este artículo fue escrito hace más de cinco año para ser publicado en un diario de la ciudad. No recuerdo la fecha, pero lo encontré hoy en un viejo disco y recordé a Rimbaud, que siempre está presente en mi memoria como un viejo cómplice, al igual que los otros poetas de esa época, Lautréamont y Charles Baudelaire, que no solo me mostraron la poesía en sobredosis, sino también la potencia y el fuego a través de la explosión, del estallido de la palabra. De ellos aprendí que la poesía, y la literatura en general, es un ejercicio de vértigo, de ellos aprendí también la pasión por el sobresalto y por la vida desmesurada.

Ahora, cuando una enfermedad secreta me reclama por dentro y el eterno adolescente que vive dentro de mí se apaga lentamente, recuerdo cada una de las páginas de poesía que leí en mi vida. La llama aun está encendida. El estrépito aun existe y la revelación, aquella de la cual siempre huimos por lo terrible y porque no podemos soportarla, está aun tatuada en mi mente, en un lugar que nunca llegaré a entender por completo, pero que es el motor que me empuja a seguir viviendo, que no me invita a renunciar aun a la respiración.

Si tuviese que dedicar este breve texto, lo haría a la “extensión de mi inocencia”.


ANIMAL ADOLESCENTE

A “la extensión de mi inocencia”

Las palabras me acribillaron. El aire se detuvo. La primera lectura de un alucinado joven me fulminó. Aun era un adolescente luchando contra el acné y  escuchaba discos del hardcore más radical cuando descubrí la poesía de un maldito. Siempre detesté colocar adjetivos, pero esa es la única palabra posible para nombrarlo.

Rebelión y revelación. Dos palabras claves para comprender a Arthur Rimbaud. Descubrir todos los misterios de la vida a través del “desarreglo de todos los sentidos”. Sus amores fustigados por los machos. Su rebeldía  contra el orden estético establecido por caducos literatos. Sus huidas constantes. Su irreverencia. Su participación en revueltas Sus delirios. Todos sus poemas arrancados de las visiones de un “chamán”  iluminado por el éxtasis cercano a la creación y a la destrucción son de un ser humano que se ha entregado sin ningún horror a sentirlo todo, a riesgo de sucumbir ante la locura o la muerte, para obtener el conocimiento de si mismo.

Intuyó con claridad lo que muchas décadas más tarde escribió Alejandra Pizarnik, otra “vidente” terrible, sobre la poesía que no es una carrera, es un destino. ¿Acaso alguien puede escapar de su destino? El poema acabará aplastando al poeta.

Cuando abandonó la poesía escrita, ya había sentido lo terrible del que lo ha visto todo y no le queda otra cosa que hundirse en las cosas más absurdas. El fuego que alcanza al que ha elegido la condena. Las revelaciones a través del verbo lo colocaron al borde del mismo infierno. El hastío lo empujó a emprender toda clase de vagabundeos, como si las palabras lo persiguieran para encontrar la mano que lo escriba.

Vagó por todos lados de Europa. Se internó en África para traficar armas. Escribió informes para revistas de geografía sin el brillo furibundo de sus poemas. Se arrojó a empresas comerciales por los desiertos. No estuvo quieto ningún momento hasta que murió dieciséis años después del instante en que decidió huir de su inevitable destino.

Después de varios años de releer a Rimbaud, lejos del adolescente que descubrió el fuego en cada palabra, me percato que aun siento el vértigo de esa primera lectura. La temporada en el infierno o Iluminaciones o sus poemas recopilados junto a El barco ebrio aun sobreviven; me invitan al sobresalto y al peligro de internarme en las emociones más profundas. Nervio puro.

Si dura a cualquier moda, apunta el filósofo Emil Cioran, es gracias a la gratuidad de su crueldad, a su cirugía demoníaca, a la generosidad de la hiel. Y recalca, lo que le permite a una obra durar, lo que le impide envejecer es su ferocidad.

Este poeta adolescente, casi animal casi sabio, casi demonio casi ángel, con el cabello desarreglado y sus ropas raídas como un punk nació cuando dejó de escribir. A los 21 años.

Anuncios


2 Responses to “digresión nº3: Animal adolescente”

  1. 1 7i7o

    Arthur Rimbaud, sin lugar a dudas, situado frente a nosotros pero cruzando la orilla, al otro extremo de lago de la cotidiana quietud; de la vida monotona impuesta por las sociedades que escupen cada vez generaciones una peor que la otra.
    saludo jorge.

  2. Buena Gudi, Budi, Jorge, fue grato aterrizar mis ojos en tu página, como que engordó mi alma de sentimiento. Un abrazo y sigue dándole a las letras como viento a las brasas.


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: