recorte: Paul Auster en su laberinto

24Dic10

Paul Auster se ha convertido en uno de los escritores que más fascinación ha causado en los últimos años dentro de la literatura norteamerica. Desde la Trilogía de Nueva York , los seguidores del escritor que parece haber redescubierto el tema del azar como un leit motiv en su narrativa, se han incrementado. A finales de este año se ha publicado su última novela Sunset Park. En Radar de Página 12, el escritor argentino Rodrigo Fresán publica Austerlandia, la entrevista al neoyorkino en su casa, donde nuevamente cuenta por enésima aquel verano en que sobrevivió por azar y la revelación de ese momento para su literatura:

El joven Auster pasa el verano en un campamento infantil al norte del estado de Nueva York. Atrás, en Nueva Jersey, han quedado sus padres y su casa y todo ese mundo al que llegó en 1947 y ahora, en el bosque, estalla una tormenta como jamás ha visto. El guía les ordena a los pequeños exploradores que se pongan en fila para pasar bajo una alambrada y buscar refugio. Los rayos caen como lanzas que alguien arroja desde los cielos y los muchachos van pasando de uno en uno. Delante de Paul va su amigo Ralph, y justo cuando éste pasa bajo la alambrada es alcanzado por una descarga eléctrica. Ralph muere y Paul se salva por centímetros y por la casualidad de una formación. Es entonces cuando Paul experimenta y comprende aquello sobre lo que Auster escribirá, tiempo después, una y otra vez, a lo largo de su obra. La melodía –a veces feliz y afinada, tantas otras disonante y funeraria– en que se ordenan o se desordenan las vidas por el solo placer de convertirse en buenas historias. La música del azar y todo eso.

“Ese día cambió mi manera de pensar el mundo. Comprendí que ya nunca podría esperar que la vida fuera algo previsible. Supe que cualquier cosa podía suceder. Y, por supuesto, cualquier cosa sucedía. Y sabes cómo trabaja la memoria, cómo ciertos momentos de tu vida se van desdibujando como una vieja fotografía. Pero recuerdo a la perfección ese día. Como si todavía viviera en él. Como si nunca fuera a dejar de revivirlo”, concluye Auster.

En otra parte de la entrevista, Auster responde como un accidente en el cuál salieron ilesos su esposa y su hija, sirvió como pretexto para escribir la novela Un hombre en la Oscuridad, así como, reflexiona sobre su narrativa y su oficio de escritor:

“En absoluto. El accidente en la novela es apenas un punto de partida y nada más… Ya lo sé: Paul Auster y el azar. Ya es casi un lugar común. No, en serio, el concepto del azar no me atrae. Pero para muchos es como si yo lo hubiese inventado y, para colmo, que fuera algo siempre verdadero. Algo que me pasó o que le pasó a alguien. Es como si el azar se descubriera por primera vez leyendo mis libros: es absurdo. Yo soy muy cuidadoso en ese sentido. No me interesa que se confundan o se fundan en una sola cosa mi vida y mi obra. De acuerdo, en mis libros hay personajes que se llaman Paul, incluso Auster, pero hasta ahí llego y eso es todo. A la gente le cuesta aceptarlo, tal vez porque muchos me conocieron con La invención de la soledad, donde sí revelo episodios un tanto particulares de la vida de mi familia. Pero yo siempre separo la realidad de mi vida de la realidad de mis libros. En ocasiones no es fácil. Con esto quiero decir que, a pesar de que mis tramas suelen estar afectadas por las misteriosas leyes de la casualidad, yo no voy por ahí decodificando signos y tratando de interpretar señales. Yo no espero nada porque cualquier cosa puede suceder. De eso sí estoy seguro. Pero de ningún modo es algo que me perturbe demasiado. Es algo que he aprendido a lo largo de mi vida y de lo que me acuerdo cada vez que me detengo a contemplarla desde la perspectiva de mis años. Ha sido hasta ahora una buena vida y la disfruto como tal, pero no me preocupa si resulta una buena historia. La calidad de mi vida es lo que me permite inventar otras vidas. Ese es, en realidad, el oficio de un escritor”.

Aquí otra entrevista realizada hace unas semanas y publicada en Babelia, donde comenta sobre su última novela Sunset Park:

El de Sunset Park es un Brooklyn muy distinto. Es un barrio que no tiene nada de chic, no hay gente de dinero ni turistas. Allí está el cementerio de Greenwood, un lugar fascinante. Su extensión es más de la mitad que Central Park, y es muy anterior a él. Se trazó en 1838. En aquella época la gente venía de excursión desde Manhattan, porque era el parque más bonito de todo Nueva York, un remanso de la naturaleza en medio del espacio urbano. Al principio el cementerio ocupaba apenas un rincón, pero creció desaforadamente hasta convertirse en una verdadera ciudad de los muertos, con más de 600.000 tumbas. Luego está el puerto abandonado, desde el que hay una vista espectacular de Manhattan, y todo un paisaje espectral de fábricas, almacenes y naves industriales. Paseando por allí me tropecé con una casa de madera abandonada que tenía las ventanas y las puertas selladas. Y de esa imagen de desolación surgió la novela. Veía que expulsaban a un hombre que se quedaba sin saber adonde ir”.

El laberinto de Paul Auster es infinito y audaz, al igual que el de Enrique Vila Matas, quienes ambos ya han hecho una de las amistades más interesantes en la literatura contemporánea. Aquí un vídeo donde dialogan en el PEN American Center.

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One Response to “recorte: Paul Auster en su laberinto”

  1. 1 Bruno

    LLegué por el tag de Vila-Matas. A mí Auster, no termina de convencerme. Pero todo está en gustos. Saludos.


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