de dulzuras que no existen

05May11

sentado en un café de la ciudad,  trato de salir del desconcierto o hallar una respuesta que satisfaga mi inquietud. en vez de encontrar una sola respuesta, hallo muchas, pero todas imposibles. al retornar a mi casa, enciendo la PC y busco el archivo de un libro de relatos retomado muchas veces, y el mismo número de veces abandonado hasta ahora,  y encuentro este, que alguna vez le fue concedido una mención honrosa en un concurso de cuentos. al terminar de releerlo, entiendo que casi siempre las respuestas son innecesarias y solo la literatura tiene el poder de mostrarnos una comprensión diferente de aquella realidad difusa, abrir muchas preguntas e infinitas respuestas. este relato lleva el título de un verso del poeta J.E. Eielson y pertenece a un libro que pronto será publicado.  

 I hate Madonna.

Mr. Pink  en Reservoir Dogs


¿has sentido alguna vez que tu vida se abre como una fruta podrida?  nadie la desea tomar. todos  la miran con una mueca de asco imaginando su sabor desagradable. y una mañana cae. sola y sin ayuda de nadie sobre un montón de hojas secas. y mientras el sol sigue calentando su piel negra y sus semillas estériles, la olvidan. así se abrió mi vida una mañana de invierno. yo no quería tomarla pero ya era demasiado tarde. sé que es estúpido, y cuanto más pienso en esto me da ganas de vomitarme hacia todos lados. la fruta podrida vomitándose a sí misma, asqueda de soportarse, de exponerse desnuda a la luz de todos, se expulsa ella misma de su paraíso de muñecas y de historias felices y estúpidas.

estoy hundida en mi cama. desentraño los misterios del techo. una madre degüella a sus hijos. esa imagen está justo encima de mi cama. en la noche, una bestia asoma sus garras de humo y repta por las paredes hasta llegar a la espalda de la mujer. esa es toda la sabiduría que deseo para soportar el lento transcurso del día mientras me masturbo sin ganas sobre mi cama. me he negado a salir. no soporto la calle ni las miradas de los demás que me han visto crecer tan rápidamente. cuando tenía diez años, me quedaba en silencio, cubierta totalmente con mi frazada y esperaba que ocurriese alguna catástrofe. pero la única catástrofe era oír la puerta que se abría y oía entrar a mi padre y a mi madre, en silencio. una vez cerrada la puerta se contaban mutuamente el aburrimiento que significaba vivir de esa manera, con algo que les roía por dentro lentamente. Siempre recordaban las heridas y recordaban para sentir algo el uno del otro, ya que no podían sentir amor, se provocaban para sentir un odio secreto. he oído historia de gente que se ve atacada por males crónicos, por un cáncer lento que descompone el cuerpo, hasta volverlo un candidato cercano a la muerte. pero también ocurría ese tipo de lento deterioro que nos acerca a la muerte desde nuestro lado afectivo, una enfermedad que engendra “células” que devora a la parte sana de nuestro interior, que va degenerando cada una de las posibilidades para vivir sin estar cerca de la enfermedad. en este estado patológico sentía que habíamos llegado todos en mi casa. nos unía nuestra enfermedad silenciosa, nuestro afecto distorsionado por las obligaciones y el aburrimiento. ninguna mentira funcionaba. cuando nos sentábamos en la mesa los fines de semana, nos esforzábamos para que ese mecanismo funcionase, nos mentíamos y sonreíamos juntos, hasta levantarnos de la mesa. yo no hacía nada, sólo miraba como todos nos rehuíamos, como si no nos soportásemos.

*

 ¿ y qué mierda puedo hacer con las toneladas de mentiras que me metieron en la cabeza para construir la perfecta verdad de mierda?

…¡nada!…¡respuesta correcta! …usted se ha ganado una vida en la cómoda soledad de su habitación. la rueda tiene que seguir girando, conmigo o sin mí.   

*

y así empecé a evitarme a toda costa. si no tenía valor para hacer nada, al menos tenía que ayudar a sobrellevarme fuera de mí. en el colegio siempre fui la freak, la mujer que nunca encajaba en el mundo normal de los demás. el cambio constante de colegios me llevó a inventarme nuevas historias para mantener a raya a cuanta persona encarnada en compañeros o profesores se ponían delate de mí. al inicio era tedioso soportar las burlas de las personas que se acercaban amigablemente para una vez sentirme aceptada, me dejaban totalmente a solas, más sola que nunca. la crueldad natural de los demás hacia mí se hizo mi mecanismo de defensa. recuerdo cuando ingresé a un colegio peruano-alemán. la tutora me presentó ante mi nuevo salón de clases y me dejó frente a todos para contarles sobre mi vida. me quedé en silencio y recorrí con la mirada cada uno de los rostros de mis futuros compañeros y reconocí primero quienes pretenderían ser mis primeros torturadores. tenía experiencia e intuición, o mejor dicho, había desarrollado un mecanismo infalible de autodefensa. aproveché ese instante para reconocer un territorio nuevo, y sin decir otra frase que espero que no nos llevemos tan mal, me senté en el asiento asignado por la tutora. media hora después les relaté la historia que mantendría a raya a todos aquellos que se atreverían a molestarme. prefería la soledad del “monstruo”, a la soledad de la chica rara y débil. la diferencia entre ambas condiciones era abismal.

ahora tengo todo el tiempo del mundo para construir la escafandra perfecta.

 *

desperté sentada en una sala iluminada por la enormes ventanas que daban a un jardín de paredes altas. las botellas vacías gotean el alcohol sobre la alfombra púrpura, ceniceros llenos de cigarrillos y cuerpos desparramados por todos lados, como si hubiese una catástrofe nuclear. no recordaba cómo había aparecido en esa escena. cuando salí del letargo del alcohol me percaté que solo me cubría una sábana blanca. tuve la sensación nefasta que había sido violada por todos lados. cogí mi ropa del suelo y me vestí. la cabeza me daba vueltas. busqué el baño, estaba embotada por las cervezas con las que empecé la noche en el bar donde se había presentado una banda de hardcore extremo que destrozó mi cerebro con sus atronadoras guitarras y los gritos guturales del vocalista. pero eso había sido en la noche, pero esta gente que estaba a mi alrededor no la había visto en el concierto. dejé de buscar cualquier respuesta y empece a identificar mis rutas de escape. al fondo del pasillo, en una puerta semiabierta estaba lo que buscaba. al menos yo podía caminar. una mujer abrazada al wáter y le declaraba entre balbuceos a su amante de mármol que había bebido un vasito de cerveza y le rogaba que le perdonase. le di un empujón y se enterró en la masa pegajosa del piso. el sopor del alcohol se despeja un poco y lo único desagradable es el sabor a vómito que tengo en mi boca. miro a la mujer que seguía moviéndose en el suelo como un reptil. llevaba puesta una diminuta falda que se había subido por completo, mostrando sus nalgas blancas que tragaba la diminuta trusa celeste. automáticamente me incliné hacia ella para acariciarle con mi lengua esa piel tersa y suave, pero antes de llegar a ella, siento la presencia de alguien en la puerta.

—    ¿ qué haces, perra de mierda?

— nada, le respondí sentándome en la taza del baño. Luego de haber descargado por completo, me abrí paso y no respondí a ninguna pregunta del largo cuestionario de la mujer de cabello corto que estaba visiblemente enfadada con todos. esta fiesta ya ha terminado para mí, le dije y me marché.

en la calle me percaté que me habían dejado sin nada de dinero. quise volver pero desistí. hubiese sido insensata de mi parte pedir prestado dinero a la mujer que se había dedicado después de despedirme de ella, a sacar a rastras los cuerpos hacia el jardín exterior. mi vida no ha cambiado mucho desde que reconocí que tenía que hundirme cada vez más y más hasta llegar al momento en que mi cuerpo sucumba por sí solo. creo que esa tarea era tan necia, este cuerpo lleno de marcas invisibles terminaría ajada y sin haber resuelto nunca realmente nada. tuve la ligera intuición que estaba en el camino equivocado.  el retorno a casa se hizo interminable. atravesé las calles de la ciudad, crucé el centro lleno de casas de grandes ventanales y de autos amarillos. por instantes parecía una escena muy pop sino fuese porque de repente se cruzaba un mendigo sucio y maloliente que me aterrizaba a la realidad sin velos. después de una hora de un largo recorrido casi zombie, llegué a mi casa. felizmente a esta hora no encontraría a nadie. mis padres creían con firmeza en el éxito, y eso no se consigue encerrados con una hija casi tan perfecta como yo. aterricé en mi cama y esperé que todo el mundo se detenga de una vez o, en el mejor de los casos, no levantarme más. ese deseo era imposible, como casi todos mis deseos.

 *

pregunta: “¿aun sueñas con ese laberinto de piel humana?

ella: nunca dije que era un sueño, señora.

— “ ¿…?”

— mis noches nunca han cambiado, sigo atisbando el mismo monstruo antes de dormir y eso me produce escalofríos que me impide dormir. a veces he pensado que esto durará toda una eternidad. ayer vino él a visitarme. me dijo muchas cosas increíbles y me hizo escuchar una canción de hope sandoval.  una noche esta voz me salvó la vida, me contó. aun intento hallar eso. y de nuevo me siento dentro de ese laberinto… ¿entiende?

—    no.

 *

sofía se invitó sola y se sentó en un mueble de mi sala. tenía cocaína y deseaba que la probase. sin esperar una respuesta se hizo dos líneas anchas y blancas en la mesa de cristal de mi madre y en menos que diga no pasa nada, la cocaína ya había desaparecido en sus fosas nasales. me hago dos líneas. mis manos se enfrían y siento una marea que sube por dentro hasta invadir de golpe mi cabeza. nos hacemos otra línea más y saco un trago de mi viejo y harto hielo. coloco un disco. the chemical brothers. apago la luz y dejo encendida una lamparita de mesa que irradia una luz azul. sofía mueve su cuerpo al ritmo de la percusión electrónica y me rodea con sus brazos y me mordisquea el lóbulo de mi oreja derecha. me estremezco. mi mano se desliza bajo su blusa y acaricio la suavidad de sus tetas, bajo por su vientre con mis labios invadiéndola con mi saliva. acabamos enlazadas como dos serpientes acuáticas en la alfombra, mi lengua enredada con su lengua, mi cuerpo desnudo sintiendo su piel. tengo un orgasmo y ella me lame toda, de arriba / abajo y de derecha/izquierda.  me quedo tendida junto a ella, bebiendo el resto de la botella de ron.  desearía que este momento dure toda la tarde. ella se levanta y me dice que la espera vicente, y si no llego a las seis, silvia, es capaz de sacarme la mierda, me dice, y se larga haciendo un sinfín de muecas.

*

casi todos mis amigos estaban de paso por mi casa. cada uno tenía una manera extraña de asumir su crisis, pues cada crisis era tan diferente a las otras, y cada uno tenía sus métodos para sobrellevarlas. esperábamos el instante que transformaría la vida. pero la paciencia no era nuestra virtud. muchos pisaron el acelerador de sus vidas y se deslizaron por una pendiente donde caían y se apiñaban como si estuviesen cansados de esperar o sin ganas de ir hacia algún lado. solo creían, casi religiosamente, en la caída como única salida, pero el encierro era peor. sus cuerpos vivían divididos entre la muerte y la enfermedad cotidiana. si me decidiese escribir cada una de las versiones de estas caídas, me convertiría en la cronista de las catástrofes ajenas. amigos y padres. amantes y ex amantes. conocidos y desconocidos. niñas de pelo rojo y de pelo negro. mujeres y hombres.

*

nunca me gustaron los cuentos infantiles. tampoco me gustaron las telenovelas. mucho menos las historias de las canciones pop. detesto a madonna. amo la habitación que ocupo cuando todos han apagado las luces. ¿necesitas saber algo más de mí?

 *

 la crisis se había transformado de un simple estado de ansiedad en una desesperada angustia. qué podía hacer por martín. el destino había jugado nuestra contra siempre y no había ningún maldito catcher in the rye para salvarnos en las orillas del abismo. miro la copia de un cuadro de matisse en la pared y trato de pensar en algo agradable y no encuentro nada dentro de mí, sólo días negros sobre noches en blanco. martín aun tiene en sus manos el papel que confirmaba que su vida tenía un plazo determinado y que nadie es inmortal. debajo de sus lentes negros caen torrentes de lágrimas. enciendo un troncho para reanimarlo. mi idea fue mala. en vez de ponerse mejor, reflexiona con más claridad sobre la maldita palabra positivo. trato de no pensar en él ni en ninguna cosa de este mundo.  abro la ventana y las volutas de humo se disipan en el aire.

 *

ellos creen que no me pasa nada.  que no me afecta el suicidio de martín y la desaparición de sofía. ni qué decir del intento fallido de jorge, que siempre me hablaba del suicidio y  que esa maldita idea que le quitaba el sueño le servía para no volarse los sesos con el revólver de su viejo, pero esa noche quiso experimentar sus límites y ahora tiene una vértebra cervical rota y está postrado en cama, sin poder moverse.

vivo como una sobreviviente a una guerra que nunca luché, o será que todavía sigo en la pelea sin percatarme y la derrota será la única forma posible de hacerme saber que he luchado. el triunfo es una cosa imposible, eso es lo más probable. hace un frío terrible. el autobús avanza por la carretera que bordea la cordillera. sé que en cusco no me encontraré, es ridículo escuchar a la mayoría de gente que hallé en el  camino. vuelven como si hubiesen alcanzado la iluminación,  como si la verdad se les hubiese revelado entre las discotecas, gringos, drogas y machu picchu. me olvidé de sacar mi chompa de la mochila y el frío penetra hasta mis huesos…y siento que todo me congela.

este viaje sólo es mi cuerpo…

(2003)

imagen: Thomas Ruff.

Anuncios


No Responses Yet to “de dulzuras que no existen”

  1. Dejar un comentario

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: