El dolor salvaje de ser hombres

07May11

Me desperté con deseos de mirar una película. Bergman sería muy denso para sobrevivir a la mañana. Tarkovski me arrojaría a universo difícil de escapar. Lars Von Trier me perturbaría un poco. Fui descartando película a película, hasta llegar a Teorema de Pier Paolo Pasolini. La redención del día. Deseé escribir nuevamente acerca de este director que llegó a fascinarme realmente por su fuerte vínculo con la tradición, como si trasgrediese los valores contemporáneos, como uno de los más modernos de todos los directores. Pero recordé que hace 6 años escribí acerca de él, y este es el rescate de un blog extinto. 

Una muerte terrible. Con el corazón estallado dentro de un cuerpo destruido de la manera más brutal, así encontraron a Pasolini en una tierra baldía hace treinta años. Aunque el hecho nunca fue esclarecido del todo, lo único claro y definitivo y sin misterios fue la extinción de uno de los hombres que encarnaron la libertad, la rebeldía, el descaro de asumir sus posiciones vitales más allá del lenguaje, sin cobardías y encendido todo el tiempo por un espíritu fecundo e incansable. No obstante traspasó las fronteras de Italia como director de cine, Pier Paolo Pasolini nunca dejó de trasmitir su visión de poeta en cada acto creativo o intelectual. Dacia Maraini, escritora y amiga del Pasolini cuenta que no podía estar quieto, era un dínamo desde que comenzaba el día. un espíritu creador que incursionó en el cine, poesía, narrativa, ensayo , además de una militancia en la izquierda, que incomodaba a muchos comunistas de su época.

En la mayoría de sus películas nos enrostra nuestras catástrofes espirituales. Las búsquedas fallidas a través de un mundo que nos aplasta sin ningún tipo de cinismos, arrastrándonos a la desesperación, guiada siempre por nuestras pasiones más luminosas y oscuras. Pero Pasolini no se mueve alrededor de nuestros abismos gratuitamente. Entra, los desentraña y nos ofrece una vía de “redención” con una violencia expresiva y estremecedora.

El enfrentamiento entre la “falsa mitología” contemporánea, llena de valores decadentes que hunden al ser humano en un individualismo autista, y la mitología que nos reafirma como hombres es una lucha constante entre sus personajes. La redención a través de redescubrir nuestros mitos, que sobreviven en el subconsciente a cualquier acontecimiento histórico o cotidiano.

Algunos de sus filmes se basaron en relatos de la literatura clásica. La trilogía de la vida y el sexo: El Decameron de Bocaccio, Los cuentos de Canterbury de Chaucer y las Mil y Una Noches fueron filmados sin ningún tipo de censura, al igual que todos sus trabajos y escritos. Osadía que le costó varios procesos y pleitos con las instituciones religiosas y gubernamentales, muy amantes de la moral que acepta las perversiones ocultas pero no la condición humana desnuda.

Otras de sus producciones se centran en el abandono y la soledad de los hombres y sus aspiraciones en las grandes ciudades. Vivir aplastados por nuestros propios sueños, como en Mamma Roma. No creía en las esperanzas que eran coartadas.

“Teorema” es la transformación de los hombres representados en una familia que acoge a un joven encantador. Una especie de “mesías”, que no libera con su palabra de la absurda existencia vacía y sin sentido de toda la familia, sino un hombre que le muestra un camino de “liberación” diferente para cada uno. La locura, el arte, la beatitud y la muerte puede ser también la redención extrema.

La muerte. El extremo de la experiencia humana es liberación, una forma de ser definitivamente, pero también se convierte en el paroxismo de la bestia humana, cuando es asesinato y crimen. En su última película Saló o las 120 jornadas de Sodoma, la muerte es la culminación extática del poder. Los hechos son ambientados en el último reducto fascista de Italia, donde se reúnen las autoridades del régimen y secuestran adolescentes vírgenes para cometer actos de sadismo extremo. Para muchos, la película les puede parecer repulsiva, pero el arte no trata nunca de mostrar la belleza sublime del hombre, sino de conmovernos, de remecernos en nuestros asientos con lo terrible, lo atroz, lo repulsivo para comprendernos más como la bestia que empezó su carrera autodestructiva hace muchos siglos. En la búsqueda del placer a través de la negación del otro, no queda otro camino que el exceso, un exceso que no conlleva a la sabiduría, simplemente al horror de la sangre y del crimen. A la exploración de los tormentos del cuerpo, a la fantasía de asesinarnos y asesinar nuestra imposibilidad de ser eternos a través de los otros.

El dolor salvaje de ser hombres arrojados a este mundo, que encierra y condena a los hombres libres, lo sufrió sin claudicar a su espíritu fecundo. Pasolini al igual que Sade sufrió la persecución por enrostrarnos nuestro espíritu enfermo. Y fue asesinado brutalmente. Así exista alguien que se declaró culpable el crimen nunca fue resuelto.

Y acerca de Pasolini se puede seguir hablando interminablemente. De sus procesos; de Medea y la venganza y su diva María Callas (amamos tanto a Callas); su gusto por el fútbol; su hermano Guido muerto por los comunistas siendo él comunista; sobre Edipo y la profunda relación con su madre que cuando lo tuvo para él solo, el día que murió su padre, un militar severo y cruel, fueron al cine juntos y su madre se pintó por primera vez los labios(amaba a su madre hasta el extremo de  que no podía estar con otras mujeres porque imaginaba que estaba con su madre); su expulsión del partido comunista; las imágenes de los desiertos áridos; la obsesión con los niños como un objeto erótico porque creía sólo en la inocencia; su revaloración de los dialectos que mantenían a los pueblos vivos; la poesía y su opera omnia; sus ensayos contra la iglesia; su rechazo al éxito de sus películas en las mayorías; su castillo y …de la muerte que le revelaba a cada instante su oráculo, e incluso hay una toma cuando filma Edipo de un cuerpo arrojado en un terreno desértico como una imagen que profetizaba su muerte…

Y escribió sobre la muerte:

Es pues absolutamente necesario morir, ya que mientras vivimos carecemos de sentido, y el lenguaje de nuestra vida (con el que nos expresamos, y al que, por tanto, atribuimos máxima importancia) es intraducible: un caos de posibilidades, una búsqueda de relaciones y de significados sin solución de continuidad. La muerte realiza un fulmíneo montaje de nuestra vida, o sea, elige los momentos realmente significativos (y ya no modificables con otros posibles momentos contrarios o coherentes), y los pone en sucesión, convirtiendo nuestro presente, infinito, inestable e incierto, y por tanto lingüísticamente no descriptible, en un pasado claro, estable, cierto, y por tanto lingüísticamente bien descriptible (en el ámbito de una Semiología General). Sólo gracias a la muerte nuestra vida nos sirve para expresarnos.

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