calle deleuze.16.06.

16Jun11

Después de leer la monumental novela de James Joyce, Ulysses, la conciencia de la ficción se transforma. Desde hace más de diez años, he recordado la travesía de Leopold Bloom y Stephen Dedalus como el inicio de una era para la narrativa del siglo 20 y para la conciencia del hombre contemporáneo. El recorrido mítico de un hombre cualquiera en una ciudad multiplicada en todas las ciudades del mundo en un solo día: el 16 de Junio. La “navidad” de la narrativa a través de Joyce. Y este es un breve homenaje a mis travesías en busca de una Ítaca que se encuentra en todas partes, sumado a la relectura del cuento Una casa para siempre, de Enrique Vila-Matas, que recientemente se han incluido los relatos del libro que lleva el título del cuento en Chet Baker piensa en su arte. 

1

Y al final, lo único que nos queda es literatura

En medio de la penumbra de la habitación de un hotel en plena avenida Arequipa, releo las últimas páginas del libro Una casa para siempre. Había llegado a la ciudad hace una hora y aun trataba de reponerme del desarreglo interior ocasionado por el lugar donde me encontraba, había sido golpeado por un deja vú súbito. Como  si la misma escena se repitiese insistentemente en mis lecturas, que me llevaba a colocar nuevamente, a la espera del crimen, o mejor dicho, de la ficción de un crimen en un lugar cualquiera de una ciudad donde a cada instante sucedían acontecimientos que llenarían páginas enteras de diarios sensacionalistas o de libros de crónicas negras. Pero en este crimen no habría muertos ni una espeluznante orgía de sangre. Ni siquiera habría una víctima o un criminal. O no se sabía exactamente cuál de ellos representaría uno de los dos papeles dentro de la habitación. Me imaginaba como si cada cosa fuese el prolegómenos de una escena pintada por René Magritte, donde cada objeto puesto adrede estuviese cubierto por un velo de la locura o del sueño, la dislocación de lo real, y para incrementar lo paradójico, el artista haya tratado de reproducir una instantánea del último relato del libro que me acompañaba en este último viaje.
El hotel podría llamarse Pérec. Un nombre perfecto para una escena que se antojaba como la destrucción de las habitaciones geométricamente generadas junto a la alameda llena de árboles, donde 13 287 pájaros en toda la travesía trazan también un mapa sonoro que acompaña a esta caprichosa racionalidad del aniquilamiento. Me detuve detrás de una cortina de color fucsia, bajo el retrato de una mujer con sombrero. Abajo, un hombre persigue a otro sin ninguna intención de sumar alguna experiencia a su vida. A más de dos cuadras, una mujer sale de un supermercado, imaginando que es hora de vencer el temor del salto. Me siento nuevamente en la cama y mientras miro detenidamente el rostro de la mujer del cuadro me percato de la mirada gélida y perversa, una femme fatale cristalizada detrás del vidrio. Atrapada para siempre ese gesto sin estupefacción. El rostro de la frialdad. En una habitación contigua un hombre habla con una mujer, mientras el televisor se encuentra encendido en un partido de fútbol y suena el teléfono. Cada elemento de la escena era el inicio de uno de los relatos de V-M o la prefiguración de un hombre en la mañana de un 16 de Junio, en una ciudad al sur de América, decidido a vivir los funerales de su ardor o de una empresa nunca emprendida.
Después de un baño con agua tibia, tendido en la cama, enciendo el mp3 y la voz de Nico es una lenta corriente que se mete debajo de mis poros. Deseo fumar un cigarrillo. Pero no tengo ese hábito, sólo que hubiese sido coherente con una escena del hombre a la espera de un crimen. Simular la tiniebla a mi alrededor, y lo único que puedo simular es la oscuridad con una cortina de terciopelo púrpura.
Escucho pasos en la escalera. Miro la hora en el teléfono. Las ocho de la mañana. Recuerdo el inicio de la novela de Joyce. Imagino la torre y la travesía de Leopold Bloom en Dublin. Mi memoria dispara constantes proyecciones en el ecran de mi mente. Abro el libro de Vila Matas y leo la parte final del cuento:

…Vivamente emocionado, me apretó la mano y me dedicó una sonrisa feliz, la de quien está convencido de que su mensaje ha llegado a buen puerto. Junto al inventario de nostalgias, acababa de legarme la casa de las sombras eternas.
Mi padre, que en otros tiempos había creído en tantas y tantas cosas para acabar desconfiando de todas ellas, me dejaba una única y definitiva fe: la de creer en una ficción que se sabe como ficción, saber que no existe nada más y que la exquisita verdad consiste en ser consciente de que se trata de una ficción y, sabiéndolo, creer en ella.

Imagino que la mujer de sombrero negro sobre un fondo rojo del cuadro aparecerá detrás de la puerta y me sonreirá como si fuese realmente la última vez que me vea.
Alguien toca la puerta.

2

Una breve antología de Una casa para siempre ha sido incluida recientemente en el libro de Vila Matas, Chet Baker piensa en su arte.

 Quizá porque el cuento sigue siendo el alma de toda su obra y a pesar de que el autor hace ya tiempo que ha dejado de atender al estatuto clásico del género, Chet Baker piensa en su arte se presenta como una obra indispensable para entender la literatura de Vila-Matas, la historia de su lectura y aun de su ingreso en la hegemonía que actualmente ostenta. Seguir los pasos del escritor desde el relato ‘Una casa para siempre’ hasta el largo cuento, hasta ahora inédito, que da título a la obra supone asistir al alumbramiento, maduración y posterior consagración de Vila-Matas. El lector encuentra aquí los elementos primordiales y característicos de su narrativa, desde las primeras indagaciones en torno al sinsentido, la excentricidad, el personalísimo humor  que cede a la tentación lúdica, hasta la exégesis y la automitografía que definen los últimos textos. Un universo de cuentos que se persiguen, preludian, hacen eco unos de otros y se contestan en una telaraña de gestos y símbolos que conforma el sustrato de su obra novelística y ensayística.
El criterio de selección ha atendido el requerimiento de vertebrar un libro de autor que sintetizara la evolución del universo literario de Vila-Matas en sus momentos privilegiados y más genuinos. Teniendo en cuenta que muchos de los libros de los que surgen estos relatos se publicarán íntegramente en Debolsillo, parecía necesario dotar a este volumen de una categoría propia.
‘Una casa para siempre’, ‘El efecto de un cuento’, ‘Mar de fondo’ y ‘Dos viejos cónyuges’ pertenecen al libro Una casa para siempre; ‘Rosa Schwarzer vuelve a la vida’, ‘El arte de desaparecer’ y ‘Me dicen que diga quién soy’ aparecieron en Suicidios ejemplares; ‘El hijo del columpio’ y ‘Señas de identidad’ pertenecen a Hijos sin hijos; ‘Nunca voy al cine’ se publicó en Nunca voy al cine; ‘La gallina robada. Un cuento de Navidad’ apareció en El traje de los domingos; ‘Recuerdos inventados’ dio título al libro en el que se publicó; ‘Porque ella no lo pidió’ surge de Exploradores del abismo; ‘Chet Baker piensa en su arte’ se publica aquí por primera vez y ‘Sucesores de Vok’ se publicó en El País el 25 de julio de 2010

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