cioran: palabras sin utopía

26Jun11

pesimista. pro nazi. nihilista. emil m. cioran fue nombrado con muchos epítetos que no han logrado ensombrecer la honestidad de una vida ligada al pensamiento en el siglo 20. la decencia del filósofo que ha colocado el intelecto al servicio de la vida, y no al contrario. cada título de sus libros invitaba a un viaje sin retorno: las cimas de la desesperación, breviario de podredumbre, la tentación de existir, del inconveniente de haber nacido, silogismos de la amargura, ese maldito yo, el aciago demiurgo y otros títulos donde no solo cultivó la síntesis del pensamiento, sino el estilo preciso de un francotirador que no hace sucumbir al lector, sino que lo hace moverse cada vez más adentro de sus páginas. mi modesto homenaje a mi cómplice para sobrellevar la existencia. 

todo estaba perdido a los 21 años. las palabras y las utopías, las exaltaciones de un nuevo mundo, de nuevas afirmaciones en la ausencia total de una ideología totalizante que pueda ayudarme a soñar en la construcción de una nueva forma de vida. no existía ninguna dirección precisa hacia donde mirar. el mundo era la representación de millones de relaciones intrascendentes, cuyo origen era el horror hacia nuestra única forma de ser, de nuestro pavor a descubrir dentro de cada uno de nosotros la bestia más feroz o el santo que huyese de todos los seres humanos, para refugiarse en el silencio de un paraje solitario.

ficción o no, como todo pensamiento que nos ayude a comprender el mundo – no a hacerlo más inteligible -, la nada se presentaba como una dulce niebla que todo lo aniquilaba sin ternura. las búsquedas dentro del pensamiento tomaba nuevos centros, otros se diluían en la propia pesadumbre de las palabras. el existencialismo trasnochado para la década de los noventa incrementaba la sensación de hastío, una amargura inútil e infecunda. estaba decidido a vivir, asumiendo que todo carece de un sentido, de causas iniciales y efectos finales, el círculo vicioso de encontrar un enorme sentido a esta reunión de fuerzas que se diluían cuando se cruzaban. había encontrado en el pensamiento una de las mejores formas de pensar la vida y al ser humano. de sostener la existencia, a riesgo de todo.

emil m. cioran se convirtió en un cómplice en la travesía, no en aquella persona que dice verdades fulminantes, como un maestro tiránico del pensamiento,  sino en aquel escritor que encuentras en un parque de la ciudad y te comenta el mundo y su trama oculta, sus fisuras, las ilusiones con las que enmascaramos nuestro pavor  con un pavor más terrible, los descensos inútiles e infructuosos a los abismos personales y una larga charla con todos los temas que nos inquietan y que llamamos profundos, pero que en la mano de Cioran se transforman en un constante ejercicio de ironía, para verlos  en la claridad de nuestra mente, desfascinados de todo, de lo absoluto y de nuestra propia soberbia de haber convertido nuestra facultad de destruir el mundo en una virtud.

una rara avis dentro del panorama de la filosofía del siglo 20, ejerció su derecho de autoexiliado de su propia lengua para construir una nueva forma de nombrar el mundo, de erigir su obra sobre los escombros que dejaba el progreso en su avasallador avance, antes y después de las guerras. desde las alcantarillas del pensamiento fustigó con la precisión de un cirujano las taras elevadas como grandes verdades. un cínico en pleno siglo veinte, uno de aquellos perros celestes que  detestó la gloria o el éxito o la docencia en las universidades, porque hubiese sacrificado la libertad de su pensamiento en pro de las instituciones o de las ansias ajenas.

aun recuerdo el momento que leí su nombre en uno de los libros de la edición taurus, nuevo y olvidado por casi veinte años en los anaqueles de una universidad. la tentación de existir.  se disparó el percutor de haber encontrado alguien que escribiera con tanto vigor acerca de la vida, como lo hacía otro de mis escritores que leía en esos años de deserción universitaria, nietzsche. ambos no han perdido actualidad a través de los años. uno siempre encuentra inagotables lecturas en cada uno de sus libros, sin perder la fuerza de las ideas ni aquel brillo de sus palabras.

aun sigo buscándolo en los parques de las ciudades, donde imagino que pasea con una sonrisa de tranquilidad, a pesar de haber muerto hace dieciséis años. pero solo encuentro ancianos y gente solitaria en busca de un santo que redima su existencia, o que les inventen nuevas mentiras para soportarla. es en ese momento, que me digo a mí mismo, cuanta falta hace aun e. m. cioran en el mundo y retorno a mi casa después de haber pasado interminables horas mirando el vaivén de las olas, de haber contemplado como pasa la ruina de las horas por mi lado.

DOCUMENTAL SOBRE EMIL M. CIORAN – FRANCIA
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One Response to “cioran: palabras sin utopía”

  1. 1 Jose Montoya

    Cada vez que te leo, y a tus referencias, se me caen mas paradigmas y supuestas verdades que nos guian, la lectura y la reflexion
    NOS HACE LIBRES amigo !


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