Notas al margen o el arte apátrida

09Oct11

Pequeños apuntes en trozos de papel, en una agenda pasada o en un cuaderno escrito sin ninguna disciplina, los breves textos se van acumulando sin ningún tipo de orden. Apuntes acerca de alguna idea para desarrollarlas en el futuro, citas de lecturas que alguna vez nos impactaron, breves “postales” verbales o, simplemente, ejercicios de vértigo para atrapar la vida al margen de la obra. Julio Ramón Ribeyro publicó Prosas Apátridas, una breve obra maestra de la nota al margen y que no sólo demuestra la agudeza de su comentario acerca del mundo, sino también una obra de la relojería literaria que se puede alcanzar en el texto breve, en aquellos retazos de página donde se sintetiza la vida; decenas de fragmentos donde nos acercamos a ella, como si fuesen pequeñas ventanas para observar el andamiaje de la que está compuesta nuestra cotidianeidad. He rescatado de algunos cuadernos propios o de viejos apuntes algunos textos que han sobrevivido diferentes mudanzas, de estilo y de vida. Tanto como propios o ajenos,  mi despedida a la obstinada manera de vivir creyendo en las palabras.

2009

§

Hay un entendimiento que nos sobrepasa.
Hay una cosa dentro de cada máquina verbal que
No hace referencia a nada, un punto muerto
Un punto de fuga.
A ese punto deseamos llegar
A ese punto a ese agujero negro que tiene alrededor
Todo y nada.

§

La corrupción del cuerpo empieza desde adentro y se va manifestando lentamente en la piel. Todo se hace traslúcido.

2006

Francis Scott Fitzgerald y la decadencia

No es la decadencia violenta la que se halla en los relatos de F. S. Fitzgerald, esa destrucción que estalla ciegamente hacia todos lados, como si la explosión sea una reacción en cadena. No es violenta la ruina, tal como se encuentra en la narrativa de los norteamericanos del realismo sucio. En el autor del Gran Gatsby es la ruina lenta, el desmoronamiento; como si el espíritu sufriese una merma lenta, hasta dejar un cuerpo hueco, vacío, donde los ojos son dos faros apagados que ya han dejado de iluminar el horizonte, para entrar en una noche cerrada. La belleza de la ruina que solo Fitzgerald tuvo la fatalidad de encarnar. El clímax y el dolor de la ausencia de este.

(Después de la lectura de los relatos completo de F.S.F.)

§

Detesto lo anecdótico, la superficie. Pero por un extraño placer de detestarme, me dedico a esto, sin ningún pudor. Contar la anécdota por desprecio al Otro, como a mí mismo. Malgasto palabras, vivencias, pieles…

§

Roger Laporte: “Es imposible no buscar el Libro, pero quien  lo busca aprende que el Libro es imposible, y, sin embargo, este fracaso, aunque renovado sin cesar,  no destruye el proyecto inicial sino que más bien lo fortifica, y de tal modo el fracaso y el triunfo  son igualmente imposibles”. Y así se ha construido la literatura, en ese abismo de fracasos, triunfos y deserciones, que no pertenece exactamente a aquellas dos caras de la misma moneda.

§

Atravesar la noche. Entrometernos en su juego. Aniquilar en nosotros la luz de la vigilia, obstinada en hallar un camino para percibirlo como una avenida bien iluminada que no tiene ningún destino, sólo la de ser una avenida silenciosa y llena de peligros. El hombre necesita de las marcas de su sombra para poseer la sensación que avanza, que sus pasos no se pierden en la oscuridad que le ha tocado sortear. Sus latidos le son insuficientes al igual que su respiración. Atrapado en la sensación, elegirá siempre deslizarse por los senderos iluminados por cualquier promesa, ilusión, utopía, la certeza de avanzar por un callejón sin salida que no implique el tropiezo de nuestros pies, sin prever a nuestros victimarios ocultos en la luz, aquellos que no han podido ocupar un lugar en la penumbra.

2005

Encerrados en el lenguaje, en el mundo de los conceptos, creemos estar a salvo del asombro , del terror y de la incertidumbre. El lenguaje no nos sirvió desde el inicio para comunicarnos , sino para intentar salvarnos de eso que el mismo lenguaje mismo no pudo nombrar ni representar. El lenguaje es el hijo del desconcierto y del horror, y luego vino dios.

§ 

Horror de huir hasta no encontrar nada

De estrellarme contra un muro impenetrable
De asfixiarme con mi sombra
De enredarme con mis sentimientos y sin resolver nada

De llevar mi cuerpo
Hacia
Una caída inevitable

§

El silencio engendra, la voz aniquila.

§

Abrí los ojos. Reconocí el techo. Me incorporo para ir al baño y quedé paralizado por un instante, sentado en la cama. Qué mierda sucedió aquí, me pregunto cogiéndome el cabello. Busqué mis borceguís bajo la cama. Sacudí mi pantalón, alisé mi polo, cogí mi casaca de jean. Me coloqué mis lentes, me miré de cuerpo entero. Nada me faltaba. Salí esquivando las cosas desparramadas en la habitación. No deseaba respuestas, deseaba huir de ellas. No deseaba enterarme de lo que había ocurrido y tenía la ligera sospecha que yo tenía el papel protagónico en ese desastre. No recogí nada y salí por la puerta del callejón para evitar cualquier encuentro.

Y como siempre sucedía. No tenía ningún lugar hacia donde ir…

(Intento enésimo de una novela cyber punk)

§

Swift: “Colocar las palabras adecuadas en el lugar adecuado es la más genuina definición de estilo”. 

§

Gottfried Benn. El extremo de las emociones. El acercamiento de nuestra propia podredumbre mediante la repulsión por la muerte ajena.

(en un extremo del libro Morgue, de G. Benn)

§

Todos los instantes son revelaciones que no podemos ver.

§

“Parte de la desesperación del artista frente a su material tal vez se deba al hecho evidente de que el propio universo, como sostenían también los rosacruces, está en proceso de creación. Una obra de arte orgánica, tras haber sido concebida, debe crecer en la mente de su creador o perecer. Para acabar el Valle de la Sombra de la Muerte llegué al límite de mis fuerzas… Gracias por no decir: “Yo también”. En realidad, siempre se hacen ambas cosas, claro está, de modo que el autor , mientras trabaja, es como un hombre que no cesa de abrirse paso a través de un humo cegador para intentar rescatar objetos preciosos de un edificio en llamas. ¡ Qué esfuerzo tan desesperado e inexplicable! Pero acaso no es el edificio la obra de arte en cuestión, perfecta hace mucho en la mente y convertida en vehículo de destrucción exclusivamente por el esfuerzo que se requiere realizarla, transmutarla en el papel…”

(Malcolm Lowry. Oscuro como la tumba donde yace mi amigo)

2001

§

Si pudiésemos elegir el elemento primordial de la noche: la oscuridad, y asumimos los fantasmas inyectados por el miedo y la razón, no habría ninguna necesidad de tanta perorata sobre la salvación luminosa ni sobre los dolores acallados por un cielo lleno de soles fugaces.

§

La vida no da treguas.

Sería horrible que nos detengamos un instante, hacer una pausa en este vértigo que nos lleva de la calma a la destrucción, de la destrucción a un estado de inconmovible comprensión. Estamos condenados a soportarnos solos, sin ningún consuelo que remede la respuesta que buscamos desde que colocamos un pie en el suelo y nos chocamos contra un techo que no nos aplasta, que solo existe sobre nuestras cabezas como una amenaza, como todas las cosas que empiezan con ese pie que se obstina en moverse, en dispersar el polvo en cualquier camino.
¿ Por qué nos golpeamos incesantemente con ese deseo de encontrar una respuesta que nos alivie, que nos toque el cabello como a un niño pequeño en busca de consuelo, en un universo que solo tiene un infinito espacio para las preguntas? ¿ Para qué aferrarnos a un polvo que no podemos contener en nuestras manos, desesperadamente?
Es ridícula nuestra ansia de refugiarnos en el sueño, en la mentira fácil que nos estremece y nos inocula dosis de tranquilidad. Adictos a la mentira, encontramos siempre una que funciona como una dosis extra de diazepam o prozac, y la erigimos con unas letras enormes de neón con el nombre verdad.
The rest is silence…

§

–          ¿Quién diablos crees que eres?
Su pregunta es una recriminación, un intento de abofetearme porque existe la opción que yo pueda sea un pobre diablo o un dios desdichado.

–          Nadie, le respondo.
Mi respuesta le inquieta, me mira a los ojos y luego hacia ambos lados de la avenida. Bufa. No sabe si golpearme o marcharse. Se queda quieta esperando que el día termine…

§

Uno puede matarse por infinitas razones o por ninguna. Al final, la muerte será una sola.

§

Yo no puedo detenerte. Si deseas llorar, hazlo. Si deseas irte, márchate. Y si deseas matarte, es una cosa que únicamente te importa a ti, y aunque es triste y doloroso, es la única decisión que será tuya. “Yo no he pedido venir al mundo”, me dices desconsoladamente. Asómate a una ventana que da hacia la avenida y dime ¿cuántos de los que se pasean bajo tu ventana han pedido estar allí? Nadie. De alguna manera estamos todos aquí demás. Bueno, podemos inventarnos otra cosa. Construir un lindo plan que funcionará mientras vivas, y el resto es cuestión de fe, pero también será mientras uno vive. Es interesante fantasear con el cielo o el paraíso mientras no puedas darle la espalda al mundo que te envuelve. Yo tampoco he pedido nacer para vagar en una ciudad que encierra demasiados misterios que no me importan. Es triste imaginarnos que alguien decidiera nacer y es un gran alivio saber que podemos decidir romper con la costumbre que mantiene este cuerpo vivo.

§

Percibo en cada palabra escrita un nuevo territorio.

Anuncios


No Responses Yet to “Notas al margen o el arte apátrida”

  1. Dejar un comentario

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: