sírvete una taza de café y acompáñame…

28Feb12

Papeles recuperados. Hace algunos años, escribí este texto acerca de la reunión de cortometrajes de uno de los directores más independientes de EE.UU., Jim Jarmusch, titulada Coffee and cigarettes (2003). No es una reseña ni una crítica, sólo las anotaciones para un diario imaginario. Uno nunca sabe ni recuerda los viejos textos, extraviados en las memorias físicas que sólo se recuperan cuando indagamos en aquello que ya hemos dejado de ser, para tratar de entender al hombre en cual devenimos constantemente. Pero siempre existirá una taza de café y uno que otro cigarrillo, así uno haya dejado de fumar y encarne a otro, constantemente.

 

1

             Me levanto del sofá. Sólo tengo un poco de café instantáneo en la cocina para una última taza. Me coloco otra vez frente al televisor y pulso play del control remoto. Somewhere in California. Iggy Pop con una casaca de cuero y sus jeans raídos aparece junto a una rocola. Coloca una canción que suena muy lenta en el lugar donde la luz de una cortadora ilumina los muros como si fuese una discoteca antigua.  Ansioso, se sienta frente a los “personajes” principales del cortometraje. Café y cigarrillos. Negro y blanco. Y en esa cafetería ocurre el encuentro entre dos de los músicos más bizarros de Norteamérica. Entra Tom Waits en escena y se sitúa frente al viejo ex vocalista de The Stooges. Durante algunos minutos hablan de cosas sin importancia, como la traqueotomía que hizo Tom por la mañana mientras cumplía con su labor de médico, el comentario de Iggy que en la rocola no hay ninguna canción de Tom, hablan acerca de Abbot y Costello y la generación del café y de los cigarrillos y, a medida que siguen conversando acerca de temas incómodos, surge el campo de batalla. La brecha de la incomunicación solo se resuelve por un tema en común. Ambos han vencido el vicio de los cigarrillos. Tom Waits teoriza acerca de la voluntad, y ahora podría fumar cigarrillos porque ya lo ha dejado y no le genera ningún problema. Cada parte del diálogo entre estos dos dinosaurios posee un humor sútil y frío como el hielo seco, como el humo que envuelve cada una de sus palabras.

Para filmar cada uno de los once cortometrajes, Jim Jarmusch reunió a varios actores y músicos—Iggy Pop, Tom Waits, los hermanos de White Stripes y los corrosivos wu-tang—, en las conversaciones que uno puede sostener frente a una taza del café más cafeínado y de los cigarrillos menos lights que existen( es insoportable la avalancha de productos que se han convertido en ridículos remedos o simulaciones de productos ya existentes: café sin cafeína, tabaco sin nicotina, carne sin carne leche sin lactosa y un etcétera sin etcétera). La escenografía de cada capítulo no es más que una mesa cualquiera entre tazas, encendedores o cajas de “fósforos”. El minimalismo en los recursos para contar varias historias que nos sumergen a la riqueza de nuestra vida cotidiana, si sólo ansiamos una buena conversación o un diálogo en silencio, aunque suene algo contradictorio o paradójico, muchas veces podemos dialogar sin que existan las palabras. La historia que deviene en otras historias.

2

—    ¿ Quieres un poco de café?
La borrachera se disipó en la habitación oscura y llena de la niebla del humo de cigarrillos. Aun no  llegaba a comprender qué hacía allí ni cómo diablos llegué dentro de ese lugar.
—    Sí, gracias.

No todo lo que nos ocurre en la vida tiene respuestas definitivas ni preguntas que puedan resolver las cosas que ocurren sin ningún tipo de búsqueda trascendental.  Recuerdo una historia budista del guerrero que fue atravesado por una flecha en pleno combate; mientras yacía tendido, empezó a preguntarse por el origen del disparo, el tipo de arco, la velocidad de la flecha, el nombre del arquero y mientras se llenaba de preguntas, se desangró, muriéndose sin extraer la flecha.
Cuando volvió, el café estaba caliente. Y la flecha se instaló en la oscuridad que nos separaba.

—    Crees que la vida tiene sentido, me preguntó echándose a mi costado.
—    ¿ Sentido?
—    Si hemos nacido por alguna razón, si tenemos una misión en  la tierra como afirman los cristianos.
—    ¿ Los cristianos?  Ah, ya. El paraíso y todo eso del pecado y el sufrimiento y el plan de dios sobre la tierra. Me parece que encontrarle sentido a este absurdo nos convierte en trapecistas sobre la nada. Equilibristas sobre cuerdas imaginarias.
Un sorbo. Le rodeo sus hombros y le acaricio el cabello. Prosigo la perorata de mala gana.
—    Si yo hubiese descubierto una sola razón para vivir me hubiese colgado hace años y hubiese colocado un aviso luminoso y enorme en medio de mi cuerpo:
SE ALQUILA PARAÍSO.
—    …
—    …
—    ¿ Deseas tener sexo esta noche?
—    ¿ Esta noche?…No lo sé. ¿ No tendrás otro cigarrillo?
—    Sí, y también alquilo paraísos y obsequio algún infierno.
—    Está bien. Quiero uno.


3

Once cortos que no sorprenden al espectador ansioso de las películas rápidas y deslumbrantes, en el sentido superficial, del cine comercial pero que se convierten un buen sorbo del mejor café peruano o colombiano para los que disfrutan el desarrollo de cada una de las historias recortadas de cualquier instante en el planeta. El café se convierte en protagonista junto a los cigarrillos, estos enemigos de los cardiólogos y los gastroenterólogos y los psiquiatras y médicos naturistas y los mormones y de cualquier hipocondríaco, aparecen como los nexos más fuertes que el pretexto de la conversación acerca de enredadas citas al dentista, la genialidad de Tesla que deseaba crear energía gratuita, Abbot y Costello como parte de la generación de café y panqueques, árboles genealógicos, Elvis y su gemelo que reventó en vez de Elvis, un Bill Murray camuflado de mozo para tomar café, dos ancianos que oyen la hermosa música de Mahler…e incluso Renée French comunicándose a solas con una revista.

El café y los cigarrillos son la espera, la compañía, el terreno para una buena o áspera conversación. Balzac escribía horas enteras acompañado de decenas de tazas de café. Ribeyro escribía siempre con un cigarrillo entre sus dedos, e inclusive escribió Sólo para fumadores, un libro lúcido lleno de historias del humo que lo llevó a visitar hospitales donde pudo reflexionar acerca de la vida, de la muerte, de los placeres que nunca abandonaremos así sean los que nos condenan a la muerte…

            Miró la lata de café casi vacía. Busco en los cajones, bajo la mesa, en las habitaciones y la verdad incómoda: no había más café. Busco mi vieja casaca. Ojalá encuentre una tienda abierta en la ciudad. Los créditos aparecen al ritmo de una vieja canción interpretada por Iggy Pop, no puedo evitar la manía de leerlos hasta el final, hasta donde aparece los formatos del audio y las letras más pequeñitas. Y después de los agradecimientos aparece una frase en medio de la pantalla, cuya traducción sería: larga vida a joe strummer.
No pudo existir mejor epílogo a la memoria del vocalista de The Clash, quien participó en algunos trabajos de Jarmusch.

Será mejor que me apure. Aun no son las doce y la última tienda abierta queda a diez cuadras de mi casa. Felizmente me queda tres cigarrillos en la caja. Coloco la cadena a mi perro dálmatas, que lo llamaba en ese entonces Jack, y me pierdo por las avenidas vacías de la ciudad con una sola esperanza.

(2004)

Anuncios


One Response to “sírvete una taza de café y acompáñame…”

  1. 1 Javier Hurtado

    Nada como compartir un café y un cigarrillo y buen cine y literatura.

    Interesante blog

    Un saludo


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: